Vendedor artesanal

Voy caminando en carrera a tomar el bus de San Pedro porque ya iba atrasada para la U, hacía un calor del carajo.

Voy casi corriendo cuando me grita un vendedor de flautas y pulseras artesanales: «Adiós, mi amor», me dio tanta cólera que le grite: «No le pregunté hijo de p...» y le saqué el dedo del centro, me respondió de vuelta una cochinada y me hizo un gesto con sus dedos, yo lo dije que se fuera al demonio. Nunca más lo volví a ver ahí, habían unos policías frente a él, supongo que le dijeron algo. El tipo era flaco, blanco narizón y de pelo largo -ya saben, ese vendedor artesanal con esas características es un enfermo machista-